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Sobre el talento y el talante
July 6, 2009 | Leave a Comment
La pregunta que titula el post anterior invita a ser contestada, y mi respuesta es: que para el empleador la nueva situación del mercado de trabajo representa una revolución buscada, mientras que para el empleado, necesariamente, significará una involución encontrada pero no deseada.
La nueva realidad laboral que se está fraguando es poco menos que inquietante y de ella se desprenderán nuevos paradigmas que en ningún caso van a ser tan reduccionistas como los que proponen algunos, por otra parte interesados en ellos:
si reduzco costes hoy sobrevivo, y para ello todo vale: reducción de las remuneraciones, de las aportaciones a la SS, del coste del despido, etc.
Lo anterior, es tanto como decir que mis principales activos son yo y mis clientes, y que condena a nuestras empresas a actividades de poco valor añadido, donde el capital humano no puede ser considerado como tal, si no como un mero factor productivo y en el que ya no tendrá cabida ni el talento ni el talante.
Esta mañana leía sorprendido una noticia respecto de una futura propuesta del gobierno de cambio del estatuto de trabajadores, que pretende que los empleadores que demanden un ERE para sus empleados tengan que afrontar el coste de un proceso de outplacement para la recolocación de los mismos. Las asociaciones empresariales ya se han posicionado y pretenden que el coste lo asuma el gobierno. De lo que se deriva, por un lado, que el gobierno no cree en la capacidad del servicio de empleo público para crearlo, y por otro que nuestra clase empresarial no tiene ningún sentimiento de culpabilidad frente a estos procesos que al final se traducen en pequeñas tragedias en las familias de los trabajadores desempleados, un panorama desolador.
Frente a las organizaciones actuales, yo apuesto por aquellas que considerarán como su mejor activo a sus empleados. Sólo una organización que considere adecuadamente esta magnitud será capaz de crear y retener una base de clientes que genere una espiral positiva en la tercera: el beneficio, pero entendido en su sentido más amplio. Utilizando un simil matemático diríamos que las magnitudes independientes de la ecuación son el empleado y los clientes y que la dependiente es el beneficio, o de manera más sencilla, que las causas son los empleados y los clientes y la consecuencia los beneficios.
En cualquier caso, y siendo optimista, nuestro mercado laboral se está llenando de talento en busca de un proyecto empresarial en el que desarrollarse, y para eso sólo es necesario una clase empresarial que sea capaz de reconocer en el talento una fuente de creación de riqueza para sus empleados, para la sociedad en la que se encuentra, y por supuesto para ellos; y en el talante sólo un síntoma más de la salud del proyecto.
El reto está servido.