Jul
6
Estamos asistiendo a un debate entre los agentes sociales, empresarios, sindicatos y gobierno en el que se contraponen dos visiones respecto a la mejor forma de incrementar la competitividad de nuestras empresas para afrontar y salir reforzados de la actual situación de crisis.
Por un lado encontramos la visión del gobierno y los sindicatos que apuestan por que las empresas profundicen en la incorporación de la I+D+i, mientras que los empresarios abogan por una solución radicalmente distinta como es la reforma del mercado laboral.
Creo firmemente, tal como propugna nuestro refranero popular, que en el punto medio está la virtud y en este sentido existen argumentos razonables para avalar parcialmente cad una de estas dos visiones.
En el ámbito de la I+D+i existe mucha demagogia, puesto que si tenemos en cuenta el perfil de nuestro tejido empresarial donde el 80% de las empresas son PYMEs, entenderemos que ni por tradición, ni por vocación y ni tan siquiera por recursos están capacitadas para desarrollar tareas de I+D.
En cambio la innovación, a pesar de escribirse en minúsculas, sí que puede erigirse en un elemento diferenciador y por tanto fuente de competitividad.
La innovación se puede manifestar hacia el exterior de nuestras empresas en la forma de nuevos productos o nuevos servicios que generen valor añadido a nuestros clientes, pero no debemos olvidar, la innovación que se produce hacia dentro de las organizaciones y que se torna más importante si cabe en tiempos de crisis. Dicha innovación se puede traducir en nuevos procesos, nuevas formas de organización, nuevas formas de abordar los problemas internos, etc; en definitiva, un elemento que puede ayudarnos a crear organizaciones excelentes y eficientes dando como resultado el incremento de la productividad de las mismas, condición necesaria para competir en un mercado globalizado.
En cuanto al mercado de trabajo se está produciendo una revolución silenciosa que va a afectar a la forma en la que los profesionales desarrollen sus carreras profesionales. Por un lado tenemos la desafección y el desinterés real de muchas organizaciones hacia el talento de sus colaboradores, de los que no dudan prescindir cuando vienen mal dadas, mientras que por el otro lado tenemos la insatisfacción de los profesionales con el modelo de empresa que nos ha traído hasta esta situación, ver artículo de Joan Barril, puesto que no son ajenos al hecho de que lo que los empresarios llaman reforma del mercado laboral no es más que el intento de abaratar el despido de los trabajadores.
Todo esto ha generado un escenario donde el compromiso, entendido de la forma tradicional, es un bien escaso y con el que se está abriendo una brecha importante entre empleadores y empleados. Esta brecha está cambiando definitivamente la forma en que se relacionen ambos colectivos en el futuro.
Asimismo, las reorganizaciones empresariales han hecho que existan gran cantidad de profesionales desempleados, con mucho talento, en busca de nuevas oportunidades profesionales que se plantean explorar nuevas formas de afrontar su carrera profesional en empresas con proyectos no ya indefinidos, sino de duración limitada en el tiempo y con dedicación parcial, haciendo uso de la figura del Interim management.
Este modelo de colaboración reporta múltiples beneficios a la empresa al convertir un coste fijo en variable así como por el hecho de poder disponer de los mejores profesionales del mercado en el momento en que los necesite y sólo por el período de desarrollo de dicho proyecto.
Por otro lado a los profesionales les brinda la posibilidad de abordar múltiples y variados proyectos a lo largo de su carrera, aunque genere algunas zonas oscuras relacionadas con la estabilidad de los ingresos.
En Estados Unidos, la fuente de casi todas las innovaciones relativas al management, se está constatando una nueva tendencia de este colectivo desempleado con talento que es el llamado prelancing.
El concepto de prelancing puede explicarse de la siguiente manera: Las empresas a pesar de la crisis tienen mucho trabajo para desarrollar, pero no están dispuestas o capacitadas a pagar por él. Los profesionales que buscan trabajo disponen de tiempo y necesitan referencias y visibilidad en el mercado laboral y es por ello que estos emplean algunas horas a la semana en una empresa de forma gratuíta para conseguir dichas referencias así como con la esperanza de que cuando la situación remonte estén en la primer línea de los candidatos que puedan ser contratados.
¿Llegaremos a este punto en nuestro país?. ¿Qué pensáis de la situación?. ¿Creéis que este nuevo contexto es una revolución o una involución?.
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2 Comments so far
Buen post. Yo creo que el prelancing ya se está dando en España aunque no se haya puesto ese nombre. Es la situación en la que tu cliente te paga tarde, mal y … casi nunca. Pero tu no le dejas puesto que no hay coste de oportunidad ya que escasean los nuevos clientes y proyectos. Así que en esta situación mejor estar en un proyecto que te reporta: visibilidad, experiencia y “fondo de comercio”. Por supuesto funciona siempre y cuando tengas la seguridad de que algún día podrás cobrar, todo o parte.
En cuanto al Interim me parece que es una de las profesiones del futuro. Sobre todo si conseguimos que el empresariado se quite paradigmas de encima y los profesionales aprendan a vivir con cierta inestabilidad. De hecho no creo que exista trabajo seguro, fijo ni perpetuo. Ya no más. Y eso tiene que facilitar que esta figura funcione. ¿A quien no le gustaría poder tener un día a la semana entre sus colaboradores al ex Presidente de Telefónica, por ejemplo?.
Saludos,
El nuevo mercado de trabajo. ¿ Revolucion o Involucion ? |…
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